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lunes, 5 de marzo de 2012

"La pájara"

Bueno, lo primero deciros que si no he escrito durante los últimos 22 días ha sido porque estoy en el dique seco por la maldita tendinitis. Y ahora a lo que vamos, para darle un poco de vida a ésto voy a contaros una anécdota ciclista de la mayor pájara que recuerdo sin haber tenido que echar pie a tierra.

Como venía siendo habitual en mis años de universitario la bicicleta solamente la sacaba a pasear en julio y agosto. En 2011 no iba a ser diferente. Los últimos días de julio empecé a entrenar un poco en la estática, una salidita llana, y a los pocos días un 'test' con puerto y terreno machacón. La verdad que las sensaciones eran buenas para el paupérrimo estado de forma que tenía. Había acumulado en torno a unas 17h de ciclismo  en un par de semanas para, el domingo de la segunda semana, subir a la Fuente de la Reina. Para los que no lo conozcan, un puerto en plena ciudad de Málaga con 16.5kms y una media de 5.5%, pero el problema no iba a estar ahí.
Un domingo caluroso como ninguno en la Costa del Sol, quedo con mi tío a las 19:00 para salir a pedalear hasta allí. Mientras llegamos y tal, a poco más de las 19:15 ya teníamos los bidones calientes, para lavar los platos. Son 38ºC los que castigan como si ya no hubiese dificultad de por sí.
El 'cartel' de comienza puerto es un semáforo y los primeros 4 kms se hacen muy puñeteros. Alrededor del kilómetro 7 me adelanta mi padre en el coche con dos de mis más fieles seguidores: mis hermanos. A las pocas curvas me los encuentro en la cuneta con los bidones de agua fría en la mano, al final me ha hecho caso y han venido pero me dicen que mi tío ha petado, mal asunto. En ese momento me sentía mejor que cualquier profesional, no tenía la carretera abarrotada, pero tampoco me hacía falta. Ya con el agua fresquita se hace algo más llevadero. En cada "avituallamiento" iba cambiando el agua, que se calentaba muy muy rápido y, para más inri, iba sin cuentakilómetros, subida a ciegas. Poco a poco van pasando curvas, me voy creciendo, bajo alguna corona y en el kilómetro 14... BUUM!! Las piernas dicen basta, voy subiendo haciendo eses para no caerme y arrastrándome consigo llegar a la ansiada fuente. Arriba me esperaban los tres con una atónita mirada al verme el vello de punta. Sudores fríos que me hacen clavarme sobre el manillar, exhausto bebo algo más de agua y las pasas que me quedaban con un gel de frutas para niños que llevaba mi hermana. La vuelta a casa se hizo como buenamente pude pero era imposible evitar llegar de noche.


Ha habido pájaras de sentarme en el suelo, pero ninguna tan curiosa y agónica como ésta. Echando la vista atrás durante estos meses me doy cuenta de que la dedicación, las horas y ajustar los horarios para sacar unas horas de entrenamiento no es cuestión de suerte. Ahora, solamente toca recuperar bien la rodilla y poder volver a disfrutar como antes.

Un saludo.
@kickecr


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